domingo, 26 de mayo de 2013

EL CRECIMIENTO DEL COMERCIO Y LA INVERSIÓN MUNDIAL


 El comercio internacional fue una de las actividades que más contribuyeron a las transformaciones económicas y sociales que se produjeron a  partir de la segunda mitad del siglo XVIII y cuyo soporte ideológico residía en la teoría mercantilista y los principios liberales. El inicio de la revolución industrial en el Reino Unido y el dominio que este país ejercía sobre el tráfico marítimo hicieron de él la primera potencia económica del mundo. En el siglo XVIII se sientan las bases de la economía internacional moderna: el capitalismo que hasta entonces tenía un componente sobre todo comercial se transforma progresivamente en capitalismo industrial. Para abrir los mercados a la nueva industria se van suprimiendo obstáculos y barreras al comercio que se habían establecido en los siglos anteriores para proteger el tráfico comercial con las colonias. Durante el siglo XIX, el liberalismo continuó ganando terreno a las posiciones proteccionistas apoyado en las teorías de la ventaja comparativa y de la división internacional del trabajo. Se estimaba que la libertad de comercio proporcionaría más bienestar a las naciones que el proteccionismo. No obstante, desde finales del siglo XIX y hasta la segunda mitad del siglo XX se volvió a una situación proteccionista provocada por la inestabilidad política y los conflictos bélicos que tuvieron lugar en ese periodo.

A partir de 1945 se inicia una etapa –que se prolonga hasta nuestros días- de crecimiento sostenido del comercio mundial que ha conducido a una situación en la que el entorno político-económico internacional afecta cada vez en mayor medida a las decisiones empresariales. Este fenómeno es especialmente significativo en el caso de empresas multinacionales cuyas actividades (exportaciones, financiación en divisas, inversiones en el exterior, etc.) se ven afectadas de una forma muy intensa por las alteraciones del entorno económico internacional. Para las pymes, la progresiva apertura y liberalización del comercio significa una mayor competencia en su mercado doméstico y, por ello, la necesidad de especializarse y de buscar nuevos mercados fuera de sus fronteras naturales.

En los últimos años el crecimiento del comercio mundial de mercancías ha estado siempre por encima del crecimiento de la producción, lo que nos indica que las economías de los distintos países están cada vez más interrelacionadas y son más dependientes unas de otras. En conjunto, el comercio mundial de mercancías supera los cinco billones de dólares anuales, una cifra superior al PNB de cualquier país del mundo, excepto EEUU. El comercio mundial de servicios se sitúa por encima del billón de dólares, mientras que en 1979 apenas alcanzaba los 100.000 millones de dólares.

Datos de 1995: EEUU y Alemania son los países que tienen una mayor cuota en el comercio exterior de mercancías. En el comercio de servicios, EEUU, Francia e Italia son los principales exportadores, con España en el octavo lugar gracias, sobre todo, a los ingresos por turismo. No obstante, si comparamos el comercio exterior con el PNB de cada país, observamos que existen otros países con economías más internacionalizadas. Éste es el caso de la República Checa, Países Bajos, Austria o Dinamarca. La apertura al exterior de la economía japonesa es muy inferior a la de la mayoría de los países industriales.

Podemos destacar una serie de causas que han favorecido este incremento sostenido de la actividad económica mundial:

·         Estabilidad económica y política. Con los acuerdos de Bretton Woods (1946), que crean el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) en 1947, se sientan las bases de un nuevo orden económico internacional. Se establecen normativas sobre la variación del tipo de cambio (régimen de cambios fijos, que a partir de 1973, con la inestabilidad del dólar, pasaría a convertirse en un sistema de cambios flotantes); se ponen en práctica sistemas de cooperación y ayuda financiera a los países menos desarrollados y se va negociando la eliminación de obstáculos al comercio mundial.

·         Desarrollo de los sistemas de transporte y telecomunicaciones. Las distancias tanto físicas como de tiempo tienen cada vez menos importancia debido al gran desarrollo de  los sistemas de transporte y a la reducción de su coste. A nivel de las comunicaciones podemos de decir que la globalización de los mercados es un hecho real.

·         Cambio tecnológico y transferencias de tecnología. Los avances tecnológicos que se han producido desde 1960 han hecho aumentar enormemente el tamaño mínimo que tienen que tener las empresas para poder competir, forzando así la internacionalización en determinados sectores como los ordenadores, electrodomésticos, automóviles o medicamentos. En estos sectores en los que las actividades de I + D son la base del desarrollo de los negocios, los fabricantes de ámbito local se encuentran en una gran inferioridad de condiciones ante las empresas multinacionales, de tal forma que a medio plazo están, en general, obligados a integrarse en grupos empresariales o, de lo contrario, desaparecerán.

·         Seguridad jurídica. El nuevo orden económico internacional y la progresiva integración de los países en bloques económicos han creado un marco de seguridad jurídica que permite desarrollar la actividad económica sin grandes incertidumbres en la mayor parte de los países del mundo. Los sistemas de registro de marcas y patentes se van agilizando, y para un cierto número de países existe una cobertura multilateral. Además, cada vez son menos los obstáculos a la inversión extranjera.

·         Homogeneización de los gustos de los consumidores. Es claro que en general las nuevas generaciones de todo el mundo muestran una cierta similitud en sus gustos y actitudes. Por ello a medio plazo se espera que la homogeneización de los gustos aumente, permitiendo sectores verdaderamente internacionales donde hasta ahora sólo había mercados locales. Este hecho a sido fruto más bien de un esfuerzo en promoción y publicidad a nivel mundial de las grandes empresas de bienes de consumo que han creado su propia demanda. Aún así, los gustos, actitudes y necesidades de los compradores siguen siendo bastante distintos en cada país. En este sentido, existen oportunidades para las empresas que sepan encontrar su nicho de mercado.

·         Competencia y estrategia a nivel mundial. Los cinco factores anteriores han hecho posible que las empresas puedan competir en todos los mercados y que, en consecuencia, planteen estrategias a nivel mundial. El hecho de que la competencia se plantee a nivel global actúa como elemento dinamizador del comercio internacional.

 

La internacionalización de la economía se ha producido no sólo a través del comercio de bienes y servicios, sino también a través de movimientos de capital. Puede afirmarse que la inversión extranjera está reemplazando al comercio internacional como gran estimuladora del crecimiento y desempeña un papel clave en la estructura de la economía mundial, especialmente en la industria de servicios y en los sectores de alta tecnología. Analizando los flujos de inversiones extranjeras realizadas en los últimos años, directamente relacionadas con las actividades de producción y distribución, podemos destacar los siguientes aspectos:

·         La tasa de crecimiento de la inversión directa en el exterior (15% anual) ha sido superior a la de la inversión interior y a la del comercio mundial. Las empresas han reasignado parte de su activo a favor de activos reales extranjeros; además, en su estrategia internacional, la exportación de capitales tiene cada vez más importancia en relación a la forma tradicional de competir con otros países, como es la exportación de bienes.

·         En general, la inversión directa en el extranjero de los países de la OCDE representa un porcentaje creciente del PIB. Los países industrializados conceden cada vez mayor importancia a la internacionalización de la economía y a la conquista de nuevos mercados.

·         EEUU es el principal receptor de capitales productivos extranjeros de entre los países de la OCDE, seguido por Reino Unido y Suecia. España el séptimo en 1997. En los años 70 EEUU era con diferencia el país que más financiaba al resto del mundo (40% del total de la OCDE). Este cambio en el flujo de la inversión directa indica una productividad elevada de EEUU que presenta una oferta de factores de producción complementarios de los que se importan. La tecnología y la organización de los inversores extranjeros se combinan con un marco institucional y económico favorable, y un gran mercado potencial, en el que existe una legislación liberal en aspectos importantes como el mercado de trabajo.

·         El surgimiento de Japón como gran potencia inversora: los continuos superávits de la balanza de pagos japonesa han permitido invertir los excedentes de capital en mercados extranjeros, con el objetivo, entre otros, de superar barreras y restricciones que tradicionalmente se han impuesto a los productos japoneses. Por otra parte, las empresas occidentales invierten poco en Japón. Esto sucede porque la eficiencia de las empresas japonesas es un elemento disuasorio, pero también por la existencia de factores no favorables, como el idioma o un marco institucional poco transparente.
 
 
·         La aparición de los nuevos países industrializados (NIC), que han acaparado la mayor parte de las inversiones dirigidas a países en vías de desarrollo: la inversión extranjera ha interpretado un papel fundamental en la industrialización de México, Tailandia, Taiwán o Corea. Esto implica, no obstante, una nueva profundización en la desigualdad, puesto que el 90 % de la inversión directa extranjera que va al Tercer Mundo se concentra en muy pocos países.

·         La consolidación de China como unos de los principales receptores de inversión productiva extranjera: se estima que en 1997 las inversiones extranjeras en China superaron los 32.000 millones de dólares, lo que supuso un crecimiento de más del 20 % en relación al año anterior. Cada vez son más las empresas que invierten en China para acceder a un mercado potencial de 1.200 millones de consumidores, con un crecimiento medio del PIB en la década de los noventa cercano al 10 %.

·         La escasa importancia de los países en desarrollo en los flujos de inversión internacional. Estos países recibieron en su conjunto, en 1997, unos 70.000 millones de dólares, frente a los casi 180.500 que recibieron los 15 países de la OCDE, distribuidos casi exclusivamente entre el sudeste asiático (52 %), Latinoamérica (43 %) y Europa del Este (10 %); las inversiones en África y los países árabes fueron muy reducidas. Además, no fueron suficientes para contrarrestar las transferencias derivadas de la deuda externa (principal + intereses) y de otros pagos, que se han traducido en que los países en desarrollo más pobres están transfiriendo recursos netos al mundo desarrollado.
Creciente dificultad para identificar el país de origen de la inversión: los grandes proyectos de inversión exigen que los grupos industriales se apoyen en grupos financieros. Se forman así grandes holdings transnacionales que gozan de gran margen de maniobra y que de alguna manera escapan al control de los gobiernos de los países donde invierten.


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